Ser perfeccionista y su impacto negativo en nuestra pareja o de las broncas aparentemente tontas

Posted on 21 abril, 2013

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por Lena García y Mathew Smith

Son muchas las veces que escuchamos el “ser perfeccionista” cuando se nos pregunta cuáles son nuestros puntos positivos y negativos en el trabajo. De la misma forma, durante años se han escrito libros y artículos que nos animan a no ser perfeccionistas relacionando esta característica con el ámbito laboral.

Sin embargo, ya son menos las ocasiones en las que las personas sopesamos qué le supone a nuestro ámbito personal el ser perfeccionistas. Y, más concretamente, cómo impacta esta “característica” en nuestra pareja.

Hacía tiempo que desde CINEFAGIA DE SOCIEDADES queríamos hablar acerca de la perfección pero hay algo que nos ha empujado a dar el paso con este artículo y ese catalizador ha sido, sin tapujos ni sanciones, haber visto Gran Hermano.

Desde CINEFAGIA DE SOCIEDADES nos declaramos fanses incondicionales de este programa pues, independientemente del casting que se realice en él, de la manipulación mediática que puedan llegar a cometer desde el programa o de los estereotipos y roles que se puedan lanzar a través de este show de máxima audiencia, lo cierto es que nos sirve como plataforma para analizar el diferente comportamiento que tienen unos y otras a través de su comportamiento dentro de la archiconocida casa.

Y es que es ahí, a través de la relación sentimental entre los concursantes Sonia y Kristian, donde vimos un claro ejemplo del impacto que puede llegar a tener el perfeccionismo en el ámbito personal de una persona.

Pero no vayamos tan rápido. Hablemos primero del perfeccionismo en sí y de su impacto en el circuito más cercano y personal de la persona perfeccionista.

Cuando una persona es perfeccionista se autoreprocha tanto actos que uno mismo comete como resultados que considere imperfectos. La persona llega a unos niveles de exigencia muy altos, a raíz de los cuales pueden derivar situaciones de verdadera frustración cuando esa persona no ha actuado/reaccionado de la forma en la que mentalmente había dibujado como mejor -perfecta-. De esta fustigación extralimitada puede nacer, en última instancia, una depresión.

Hasta aquí lo comentado es algo que más o menos todos sabíamos. En pocas palabras, la persona perfeccionista es la que se exige mucho a sí misma, habiendo un impacto en el rendimiento y resultados de ese trabajador o trabajadora. Pero, ¿y en el ámbito personal? ¿Qué efectos tiene?

Las personas perfeccionistas tienen el listón muy alto por lo que muchas veces les es inevitable usar ese mismo barómetro no sólo con ellas mismas sino también con las personas de su alrededor. De ahí que, cuando alguien no actúe de la manera en que la persona perfeccionista espera, ésta pueda sentirse dañada o frustrada. Ya no tanto por el hecho en sí de hacer las cosas diferentes, sino porque la persona perfeccionista opina que esa forma de actuar no es la mejor. Podemos decir, por tanto, que la persona perfeccionista es, en cierto sentido, intolerante e incluso paternalista, pues cree que sabe qué es lo mejor para todos. Con las amistades esta actitud se puede relajar más pero no suele ocurrir lo mismo con las personas con las que se comparte la vida sentimental. Por otra parte, tenemos que recordar que vivimos en una sociedad que tilda el amor romántico como el único correcto, de tal forma que la persona que tenemos al lado la solemos entender como nuestra media naranja o nuestra alma gemela. ¿Cómo se traduce esto en una persona perfeccionista? Muy fácil: si yo me exijo a mí mismo la perfección, se la exijo también a mi pareja, la cual es -o mejor dicho, se entiende- mi alma gemela, mi media naranja. En el momento en que mi pareja no actúe de la manera en que yo espero o de la manera que yo creo mejor, me enfado. Pero no solamente eso, sino que me siento impotente, frustrado. Hay que decir que a las personas perfeccionistas les encantaría no enfadarse por estas cosas, sin embargo les es tan difícil de controlar que el cabreo se convierte en algo inevitable para ellos (lo cual no significa que no se pueda superar, lo veremos más adelante).

Ahora, pongamos un caso en concreto que todo el mundo pueda ver, pues las imágenes de sus comportamientos están colgadas en Internet. Efectivamente nos estamos refiriendo al caso de Sonia y Kristian, concursantes de esta última edición de Gran Hermano, la número 14.

La concursante, que en su vídeo de presentación se definió como “perfeccionista” -mientras presentaba su negocio- se enfada constantemente con su pareja, Kristian. Éste ha comentado en varias ocasiones que no entiende cómo Sonia puede molestarse cada dos minutos por las cosas más simples. Por ejemplo, mientras ambos lavaban los platos, ella le indicó que le pasara tal plato primero y luego el otro, él no lo hizo así o sí que lo hizo pero tardó unos minutos, con la consecuente mala cara de Sonia. Kristian tiene la sensación de que, por cualquier cosa, Sonia “monta un circo”, es decir, que tiende a magnificar. De la misma forma, Sonia ha manifestado que “no puede evitar” enfadarse por cosas como ésta.

Este es un ejemplo de la intolerancia de las personas perfeccionistas. En su mente y en su forma de actuar todo tiene que ser como ellos plantean, de tal forma que si la persona que se tiene al lado no actúa de esa misma forma, éstos tienden a molestarse. Su forma de distorsionar la realidad es la siguiente:

– Yo pienso que lo mejor es X. Por ejemplo, limpiar primero este plato y luego el otro.

– La otra persona no realiza la tarea de la misma manera en que yo creo que es la mejor por lo que yo lo entiendo como un FALLO.

– Ese fallo convierte la acción en imperfecta.

– Yo no tolero la imperfección.

– Me enfado.

– Como consecuencia, estoy magnificando la realidad y además me frustro.

– Al cabo de poco tiempo -muchas veces es cuestión de media hora o de una hora- recapacito, me doy cuenta de que sólo estoy hablando de limpiar un simple plato, y se me pasa.

– No le doy importancia al hecho y me comporto con naturalidad.

Lo malo es que, llegados a este punto, ya hemos llegado a afectar a nuestra pareja, quien es lógico que no pueda entender por qué la otra persona se enfada por detalles poco significantes. Un enfado tras otro puede llegar a consumir a nuestra pareja, como vemos en el caso de Kristian. Éste se tomaba los primeros enfados de Sonia como tonterías, al ver que eran por cosas simples como limpiar unos platos, sin embargo, enfado tras enfado producen cala en laa relación y ya uno empieza a cansarse de sufrir/soportar la misma situación un día sí y otro también.

Las manifiestaciones que Kristian ha hecho acerca de que los enfados de Sonia muchas veces le hacen pintarlo o sentirse a él como un “desastre” es otro de los síntomas que tiene compartir tu vida sentimental con alguien que sea perfeccionista, dado que esta persona siempre se enfadará en aquellas ocasiones en que ella actuaría de otra forma, dándote a entender que tu forma de actuar no es válida. Por ejemplo, en el caso de los platos, si Kristian limpia primero otro plato o tarda en pasarle el plato a Sonia para limpiarlo y ésta se enfada por ello, se le está diciendo implícitamente a Kristian que él es un desastre con las tareas del hogar. Ojo, llegados a este punto es importante recalcar que no significa que cualquier persona que esta misma tarde se haya enfadado con su pareja cuando ésta fue lenta en recoger los platos de la mesa es debido a que esa persona sea perfeccionista. El ejemplo que hemos puesto de Sonia y Kristian es uno de los muchos que ocurren en su relación. Es decir, es la repetición de ejemplos como éstos los que causan el detrimento en la pareja.

En pocas palabras, el perfeccionismo de una persona siempre viene de la mano de su poca tolerancia a la forma de actuar, diferente, de los demás. Por lo que en su realidad todos aquellos que actúan de una forma diferente a la que ella proyecta como perfecta, se convierten en fallos no tolerables. Esto puede ser muy frustrante para la persona con quien se comparta la vida y, desde luego, puede dañar gravemente la relación. No es casualidad que los y las concursantes que vayan saliendo de la casa describan a Sonia como la “mamá de la casa”, “la que siempre se preocupa de los demás”, dado que, como ya hemos dicho antes, la actitud paternalista es algo propio de las personas perfeccionistas al creer que saben cuál es la solución perfecta frente a cualquier situación. Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿cómo superar el perfeccionismo? A continuación damos unos pasos pueden resultar útiles. ¿CÓMO SUPERAR EL PERFECCIONISMO?

Paso Uno. El primer paso parece fácil, pero no lo es tanto. Se trata de aceptar que somos perfeccionistas y que, a causa de ello, nos comportamos de una forma en concreto que impacta negativamente en los demás. Especialmente en las personas que más cerca tenemos.

Paso Dos. El paso dos es desarrollarse uno mismo como persona. Si uno no tiene pareja puede resultar más fácil, pues si tenemos pareja tenemos que intentar, todo lo que podamos aunque dentro de nuestras posibilidades, mantener alejados a nuestra persona de esos impactos negativos. Eso no significa tener a nuestra pareja al margen de nuestro desarrollo personal. Tenemos que compartir con ella qué es lo que nos ocurre, y explicarles que ello es la causa de nuestras reacciones y que vamos a poner en marcha un plan para terminar o, al menos, acotar ese defecto. Una vez habiéndolo compartido con nuestra pareja, tenemos que empezar a desarrollar nuestra personalidad de tal forma que acabemos controlando nuestros defectos, en este caso el perfeccionismo extremo, consiguiendo que el defecto no nos controle a nosotros. Una vez más, hay que recordar que aunque el amor romántico se base en dogmas como “buscar tu media pareja”, nosotros mismos somos una naranja entera. Es decir, tenemos que desarrollarnos a nosotros mismos para ser unas personas completas. Sólo cuando nosotros nos hayamos realizado en todas nuestras facetas y hayamos mejorado como personas enteras que somos, seremos capaces de tener una relación saludable y equilibrada con alguien. Así pues, empecemos a acabar con esos defectos o, como mínimo, a controlarlos. ¿Cómo?

Paso Tres. Cada vez que nos invada una rabieta tenemos que tener la capacidad de parar y analizarla racionalmente. Es recomendable escribirlas en una hoja pues, al dejar algo por escrito tendemos a alejarnos de ello y a verlo en tercera persona, como en una película, por lo que nos es más fácil racionalizar y ver las cosas objetivamente. En otras palabras, nos alejamos del hecho y, por tanto, de la subjetividad que comporta ser nosotros quienes estamos viviendo o hayamos vivido ese hecho. En la hoja anotaremos:

  • el hecho en sí, sin sentimientos asociados ni connotaciones que nosotros le asignemos;
  • cómo me ha hecho sentir ese hecho;
  • cómo he reaccionado frente al hecho;
  • proporcionalidad del hecho respecto a mi reacción y los sentimientos que me ha transmitido.

Por ejemplo:

  • Hecho: Kristian no me ha pasado el plato que yo quería para limpiar.
  • Sentimiento generado: rabia, enfado, indignación, creo que es un estúpido.
  • Reacción generada: me he enfadado y he estado una hora sin hablar con Kristian. Los platos no han terminado de ser limpiados. Kristian se ha puesto triste.
  • Proporcionalidad: ¿realmente Kristian es estúpido por no haberme pasado el plato que yo quería? ¿De verdad? ¿El resultado, al final, no hubiese sido el mismo, es decir, que los platos quedaran limpios? ¿Merece la pena disgustarme durante una hora y dañar a mi pareja por eso? No, la proporcionalidad, por tanto, no existe.

Paso cuatro. Este es el más difícil y es la capacidad de poder llegar al razonamiento que antes hemos ido haciendo a través del papel, mentalmente, de tal forma que en el momento en que estamos teniendo el enfado seamos conscientes de ello, y podamos parar a tiempo. Como ya hemos indicado, este paso es el más difícil pues anteriormente habremos tenido que haber estado mucho tiempo escribiendo en papel nuestros pensamientos para, ahora, de forma casi automática, poder llegar a hacerlo mentalmente.

Otros ejercicios que podemos llevar a cabo para superar nuestro perfeccionismo son aquellos que nos hagan ser más tolerantes. Cosas tan simples como el jugar al pictionary:

Pictionary es un juego donde la única comunicación permitida es el dibujo: Por equipos, consiste en adivinar una palabra viendo los dibujos que hace nuestro compañero, en una carrera contrarreloj en la que gana el equipo que adivina más palabras. Las mayores dificultades se encuentran a la hora de dibujar verbos, palabras muy rebuscadas o sustantivos abstractos. (Definición de wikipedia)

En el pictionary la persona perfeccionista tiene que asumir que el otro dibuje una realidad (objeto o acción) de una forma diferente a como ella la dibujaría. Si la persona se niega a asumirlo, el único resultado que conseguirá será perder la partida. Se trata de una alegoría de la vida real; es decir, la intolerancia tan sólo nos aporta cosas negativas.

Otra actividad que podemos llegar a realizar es repartirnos las tareas de la casa, de tal forma que la persona perfeccionista llegue a ver que el otro las realiza de una forma diferente y, no por ello, de una forma peor, pues la tarea termina por cumplir sus objetivos. Por ejemplo, planchar de una forma diferente pero siendo el resultado el mismo, es decir, quedar la ropa planchada. Una vez haya ocurrido esto, podemos empezar a llevar a cabo las tareas del hogar conjuntamente. Si bien hay que decir que este problema nos lo ahorraríamos si desde la infancia, maestros y maestras, educadores y educadoras, nos enseñaran a ser tolerantes y comprensibles.

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Posted in: Amor, Violencia