Simplemente amar o De cómo te imagino cada noche, cada día

Posted on 24 abril, 2013

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por Jerry Macguire

Cuando pienso en hace un año tan sólo me vienes a la mente tú y mi trabajo. Luego pienso en septiembre y vuelves a aparecer tú y también recuerdo a mi compañero de trabajo. Después pienso en noviembre y ya solamente pienso en ti. Me doy cuenta de cómo borramos las cosas malas y nos quedamos con lo bueno. Entiendo que tenía un buen trabajo que me gustaba, y luego en septiembre un buen compañero de despacho, y que por eso los recuerdo. Entiendo que tú siempre has sido algo bueno en mi vida, independientemente de por qué momento pasaba nuestra relación y por eso estás en todos mis recuerdos. Unas cosas pueden faltar, otras personas pueden borrarse, pero tú nunca.

Me doy cuenta de que eres mi constante.

Entonces me concentro tan sólo en ti y me brotan de la mente un millón de “túes”.

Todos tus “tús”.

Aquel tú maravilloso de quien estaba completamente enamorado hace un año. Aquel otro tú a quien yo también adoraba en septiembre aunque tú ya hubieses cambiado y ese otro tú de noviembre que ya no me amaba y que me abandonó pero a quien yo continuaba queriendo.  Tú y tus túes.

Entonces me doy cuenta que tu tú de noviembre era tan diferente al de marzo que empiezo a dudar en si el de marzo existió alguna vez. Entonces creo que quizás sólo fuiste una invención mía y que si alguna vez te pude llegar a inventar, ahora puedo concebirte de nuevo.

Y te proyecto en mi mente. Te invento exactamente como eras en marzo, con tu risa, tus abrazos, tus palabras… tu amor. Cada día me das los buenos días y yo te abrazo con fuerza. Me acurruco cerca de ti en la cama, mientras tú acaricias mi pelo.

Es tan maravilloso volverte a tener, exactamente como eras en marzo. Tus “túes” de septiembre y de noviembre se han convertido en terceras personas que no tienen nada que ver contigo. Tú tan sólo eres como en mi mente te ideo, y en ti me refugio.

Y es en ese momento cuando recuerdo una película. Una llamada “La habitación de Marvin”, cuando al final de la misma, una maravillosa Diana Keaton le dice a una espléndida Meryl Streep: soy tan afortunada. , contesta Streep, papá, la tía… has tenido a mucha gente que te ha querido en esta vida; a lo que ella responde:

No, no me refería a eso. La afortunada soy yo por haber amado tanto.

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Posted in: Amor