Pixar vs. Disney o De cómo integrar efectivamente la perspectiva de género en el cine

Posted on 17 mayo, 2013

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por CarrieCandice

El pasado sábado 11 de mayo, Disney coronó a Merida, la princesa sin príncipe de la película Brave (2012) como la 11ª princesa Disney. Para ello suavizó sus rasgos faciales, “decoró” su vestido poniéndole, entre otras cosas, un bonito cinturón y, dejando sus hombros al descubierto, estrechó su cintura y eliminó su distintivo arco y flechas que la acompañan a todos los sitios. María Castejón analizó el cambio de imagen de Mérida para la revista Pikara en este artículo.

Frente a ello se convocó una recogida de firmas a nivel mundial bajo el título Disney: Say No to the Merida Makeover, keep our hero Brave!

Disney se manifestó el jueves 16 de mayo al respecto, diciendo que no iba cambiar la “coronación” de Merida.

Lo cierto es que esperábamos que, en cualquier momento, Disney acometiese contra una de las magníficas películas de Pixar. ¿Por qué? Muy fácil: Pixar es un 10 en integración de la perspectiva de género en sus películas mientras que Disney deja mucho de desear en la forma en que retrata a las mujeres en sus películas. Teniendo en cuenta que Pixar fue comprada íntegramente por la compañía Walt Disney en 2006, era cuestión de tiempo que ocurriese algo como lo de Merida.

Me gustaría en este artículo hacer un repaso a la trayectoria de ambas. Hacer un face to face. Un Pixar vs. Disney, aunque ahora la primera forme parte de la segunda.

Empezaré por Disney. Disney, a pesar de haber dado ciertos pasos hacia un tipo de mujer más insumisa como en el caso de Pocahontas (1995) o de Mulan (1998), con la arrolladora campaña que está llevando a cabo desde hace unos años catalogada como “Las Princesas Disney” está enfatizando en aquellas que enlazan, casi intrínsicamente, la existencia de la mujer con la del hombre. Con estas “Princesas Disney” que decoran desde estuches, carpetas y mochilas del material escolar de nuestras hijas hasta sus colchas y cojines de su ámbito más íntimo se recupera a Blancanieves (1937), a Cenicienta (1950), a la Bella Durmiente (1959), a la Sirenita (1989), a Bella (1991) y a Jazmín (1992). Es decir, a las personajes con roles más machistas.

Blancanieves, que se dedica a limpiar y a cocinar a los 7 enanitos, es odiada por la mala madrastra porque ya se sabe que ser bonita tiene sus consecuencias: que otras mujeres, porque las mujeres son muy envidiosas, quieran competir contigo. Pero afortunadamente atrajo hasta a ella un príncipe que le guardó protección.

Cenicienta, explotada una vez más por otras mujeres envidiosas y malas, tiene la mejor de las ideas: vestirse muy guapa porque así conseguirá a un hombre rico que le hará salir de su triste y pobre vida.

La Bella Durmiente es la mejor. Nos enseñó que para que un hombre se fije en ti ni tan siquiera hacer falta estar despierta. Ni mucho menos hablar. Así que lo mejor es estarse calladita y quietecita porque con eso bastará.

Ariel, la Sirenita, no solamente abandonó toda su vida, a sus familiares y a amistades por un hombre que sólo conocía de haberlo visto a lo lejos, sino que no dudó en automutilarse quitándose la voz para poder ir con él. Porque ya se sabe que se debe hacer cualquier cosa por conseguir que un chico se fije en ti. Pero no nos podemos extrañar si tenemos en cuenta que la Bella Durmiente le enseñó que con una cara bonita basta para conquistar a un hombre. ¿Para qué necesitaba Ariel su voz?

Bella nos enseñó que las apariencias no importan y que la belleza está en el interior. A menos que fueses mujer, claro, porque qué casualidad que ella fuese tan, tan hermosa como para llamarse “Bella”. También aprendimos con ella que un hombre que nos encierra en una torre y nos tiene secuestradas es un hombre bueno y que no pasa nada si nos enamoramos de él.

Y, por último, Jazmín, la desdichada que vivía en un país tan misógeno como Oriente. Claro, tuvo que asumir que, como mujer, su incidencia en la política y, en la vida en general, era nula, así que lo mejor era soñar y esperar con un hombre que la hiciese libre.

Como vemos, las Princesas Disney que nos continúan fomentando a partir de su lanzamiento de merchandising son de lo más nefasto para la mujer:

Mujer, preocúpate tan sólo de la belleza.

Mujer, preocúpate tan sólo de encontrar a un hombre, a un príncipe, que te salve.

Pixar, especializado en la animación por ordenador, no tiene nada que ver con esto.

Su film Brave (2012) destaca por presentar, no solamente a una mujer fuerte y valiente que lucha por su propio futuro –Merida-, sino por eliminar completamente el personaje del príncipe, ofreciendo, por tanto, un verdadero empoderamiento de la mujer. Un empoderamiento que no tiene por qué estar necesariamente en contra del amor, pero sí del amor romántico e idealizado y de la concepción de que las mujeres, para desarrollarse plenamente, necesitan de un hombre a su lado. Así lo refleja Pixar en el resto de películas donde se incluyen historias de amor.

En Wall·E (2008) -donde un robot basurero en una Tierra contaminada se enamora de una robot –Eva– que es enviada a buscar vida al ex planeta azul- se vuelve a dar la vuelta a todo tipo de roles y estereotipos: Wall·E es un robot sensible donde los haya mientras que Eva es torpe y se pasa el día dando volantazos y disparando. Pero Pixar no se conforma con eso: Wall·E tiene un trabajo “de clase baja” mientras que Eva tiene uno superior (cosa que aún hoy en día las estadísticas nos indican que no es lo más habitual) e incluso físicamente Eva se presenta con un tamaño mucho mayor que el de Wall·E y con una forma cilíndrica, alejada de la forma diábola que es la que habitualmente se les da a las robots-chicas por asemejarlas al cánon de belleza 90-60-90.

wall-e-evaCómo hubiesen sido Wall·E y Eva sin integrar la perspectiva de género

En otra película de Pixar, Up (2009), se dibuja una bonita historia de amor al principio del film donde ella –Ellie– es mucho más trepidante que él, quien es tranquilo, tímido y sosegado. De la misma forma, Carl –el hombre- dista mucho físicamente del príncipe azul al que se nos tiene acostumbrados y acostumbradas.

En Buscando a Nemo (2003) -donde recordemos que un pececito se extravía y su padre-pez lo busca- hubiese sido rematadamente fácil poner como progenitor preocupado de la búsqueda de su hijo a una mamá. Sin embargo, Pixar pone a un padre. Pero, ¿a qué tipo de padre? Generalmente los padres suelen ocupar dos tipos de roles: o son severos o son pachorras. Pixar escoge como padre que busca a Nemo uno que cuadre con el rol cinematográficamente asignado siempre a las madres: el padre histérico e hipocondríaco. Da una vuelta a lo típico y muestra que los padres no solamente se pueden hacer cargo de sus hijos sino que además pueden presentar atributos socialmente relacionados con las madres.

En definitiva, a diferencia de lo retrógrada que pueda ser Disney, Pixar es feminista no tan sólo por haber creado a un personaje como Merida, la princesa sin príncipe de Brave, sino porque en cada una de sus películas donde no hay una mujer como personaje principal, igualmente ha controlado cada uno de los rasgos del largometraje para que no reproduzca estereotipos ni roles de género. Llama poderosamente la atención que en todas las películas de Pixar que hemos nombrado, el guión siempre ha sido íntegramente ideado por hombres excepto en el caso de Brave, donde fueron dos mujeres. Más allá de otras reflexiones que esto pueda acarrear, lo cierto es que demuestra que los hombres pueden llegar a ser tan feministas –o más– que las mujeres –o que ciertas mujeres-; tan sólo hace falta estar comprometido en llegar a una sociedad real y efectivamente igual.

Y por ello esperamos que Disney no vuelva a meter mano en ninguna película o personaje de Pixar.

merida

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