LAS HORAS

Posted on 25 mayo, 2013

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Bajo un sustrato feminista, crítica hacia el paternalismo del amor con el suicidio como única solución

Indudablemente el director de esta película, Stephen Daldry, tiene una sensibilidad especial para elegir tramas, como podemos ver con Billy Elliot (2000), El lector (2008) o con esta misma película: Las Horas (2002).

Las Horas está compuesta por la vida de tres mujeres, en tres épocas diferentes:

Nicole Kidman (Virginia Woolf) – en 1941

Julianne Moore (Laura Brown) – en 1951

Meryl Streep (Clarissa Vaughan) – en 1991

Aparentemente estas tres vidas están unidas a través del personaje de Virginia Woolf que suele llevar el hilo conductor de la historia, escuchando en una gran cantidad de ocasiones su voz como narradora y por el hecho de que su libro “La Señora Dalloway” es leído por Laura Brown y aparece como redactado por Richard en la historia de Clarissa Vaughan. Además, al final descubrimos que Richard -en la historia de Clarisa Vaughan- es el niño pequeño de la historia de Laura Brown, es decir, es el propio hijo de Laura Brown.

Sin embargo, quedarnos sólo con estos nexos sería un análisis superficial de la película. Sin que ello significase que no se nos haya llegado a revolver todo el cuerpo, desde el último pelo de la cabeza hasta los pies, pues, si de algo sabe esta obra, es de emociones.

Para vayamos más allá. La película es una clara crítica hacia el paternalismo que, como suele ocurrir, se ejerce bajo el concepto del amor. Especialmente de dos tipos de paternalismos: el llevado a cabo históricamente por los hombres hacia las mujeres y el ejercido por la sociedad en su conjunto hacia los enfermos.

No nos es de extrañar que Virgina Woolf sea el hilo conductor de la película dado que fue y es una archiconocida feminista que escribió obras tan importantes para el movimiento feminista, y para sociedad moderna en general, como es el caso de “Una habitación propia”. No solamente eso, sino que además padecía de bipolaridad, entonces tratado como trastorno maníaco-depresivo.

En la historia de Virginia Woolf es de destacar la huida de ésta y la conversación que tiene con su marido en el andén del tren. Él le dice que el irse al campo y montar la imprenta se ha hecho por ella, por su bien, para cuidarla, por su propia recuperación, a lo que ella contesta que no es esa su elección. Se pone en énfasis que, bajo el amor que siente su marido hacia ella, se elige lo que es mejor para ella, pero ¿y la voluntad de la enferma? ¿desaparece por el simple hecho de estar enferma? De la misma forma (es decir, por el amor que siente Woolf por su marido), ella finalmente decide suicidarse para no ser más una carga para él y también porque considera que es la única forma en la que alcanzará la libertad.

En la historia de Laura Brown se muestra el paternalismo de los hombres con las mujeres. La obligación por parte de ellas de casarse con hombres (hombres que “se lo merecen” porque vienen de cumplir sus obligaciones: de la guerra; y siempre hombres -se deja entrever la atracción de Laura Brown por mujeres cuando ésta besa a su vecina-) y de formar una familia por el simple hecho de que era lo socialmente establecido. Su marido no era una mala persona, la quería y era trabajador. Cuidaba de ella (paternalismo), por lo que ella no tenía derecho a sentirse desgraciada (más paternalismo). Frente a ello Laura Brown decide eligir una opción diferente a la de Virginia Woolf: decide abandonar a su familia, es decir, decide no suicidarse. En su historia el diálogo que destaca es su conversación con Clarissa Vaughan, donde dice claramente que abandonar a sus hijos es lo peor que puede hacer una madre pero suponía elegir entre la vida o la muerte y ella eligió la vida.

En el caso de Clarissa Vaughan, a pesar de ser ella la protagonista del libro escrito por Richard y, a su vez, por Virginia Woolf (“La Señora Dalloway”, un libro que justamente relata la vida de una mujer del siglo XX atrapada en el sistema patriarcal), se da un intercambio de roles. En este caso, muy bien buscado, ocurre que justamente la mujer aparentemente libre (estamos en 1991) elige, por propia voluntad, el rol del cuidado, el rol paternalista. De esta forma, se nos muestra el punto de pista de quien cuida, bajo el argumento del amor y de querer a la otra persona, pensando en estar haciendo lo mejor para ella, para la persona cuidada. Es muy interesante esta perspectiva porque se nos muestra que la vida de quien adopta la actitud paternalista carece de sentido sin la figura del ser cuidado. Durante esta historia, son muchas las conversaciones interesantes, pero creo que es de destacar la conversación mantenida entre Richard y Clarissa cuando él le dice a ella “¿Para quién es la fiesta? Creo que sólo sigo vivo para satisfacerte”, mostrando que la vida de quien cuida está vacía sin la existencia del ser cuidado.

En la última historia el sujeto pasivo que recibe la actitud paternalista vuelve a ser un enfermo. Richard y Laura Brown se convierten en dos alteregos de la propia Virgina Woolf en las dos facetas en las que ella sufre las consecuencias del paternalismo: Laura Brown representa sus limitaciones como mujer, Richard representa sus limitaciones como persona enferma. El marido de Woolf, el marido de Brown y la propia Clarissa Vaugham simbolizan el paternalismo limitador, construyendo toda su vida alrededor del ser cuidado, privándole de su libertad bajo la escusa del amor.

Una cuarta protagonista que no podemos olvidar es la muerte, presente en las tres historias. La muerte aparece como la única opción que tiene el ser cuidado de liberarse, tanto él como a la persona que lo/la cuida. Virginia Woolf opta por este camino para liberar a su marido de tener que preocuparse de ella y para poderla liberarse ella misma de esas actitudes paternalistas que limitan su libertad. Richard vuelve a adoptar la misma opción. En el medio se nos muestra una Laura Brown que no opta por esa alternativa, ¿y qué obtiene a cambio? Falta de liberación: ella misma dice que es la peor  cosa que puede hacer una madre (por lo que su mal de conciencia la persigue -no es una persona libre-) y su hijo padece las consecuencias (Richard es una persona traumatizada -no consigue liberar a sus seres queridos-).

En definitiva, nos encontramos una obra con un sustrato feminista que reflexiona acerca de la difícil relación entre el amor y la falta de libertad a causa de actitudes adoptadas justamente bajo el pretexto de amar, presentando la muerte como la opción más eficaz para liberarnos tanto a nosotros mismos que padecemos esa falta de libertad como a las personas que nos aman y que deciden para y por nosotros -a veces indirectamente- qué es lo mejor.

Huelga decir que las interpretaciones son espectaculares. El guión y la forma de entrelazar las historias perfecta y la banda sonora una delicia.

Una obra maestra donde las haya, el 10 se le queda corto.

Año de inicio 2002
Pais EEUU, Reino Unido
Duración 114 min.
Géneros Drama
Idiomas Inglés
Directores Stephen Daldry
Guionistas Michael Cunningham, David Hare
Productores Michael Alden, Robert Fox, Mark Huffam, Ian MacNeil, Scott Rudin, Marieke Spencer
Título original Las horas
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