CAMINO A LA PERDICIÓN

Posted on 10 julio, 2013

0


Gángsters, ¿nuevas masculinidades patriarcales?

Si durante el visionado de Inflitrados (2006) criticamos duramente el papel de mujer florero que encarna Vera Farmiga, en Camino a la perdición (2002) el florerismo es aún mucho más radical. La esposa de Michael Sullivan (decimos “la esposa de” porque no se presenta con ninguna otra personalidad) tan sólo aparece durante unos pocos minutos, con una actitud expresamente pasiva. De hecho, de ella se dice que no sabe a qué se dedica su marido porque prefiere que así sea. A los pocos minutos de la película, ésta es asesinada junto con su hijo menor.

No vuelve a aparecer ninguna otra mujer, excepto cuando surge el matrimonio que, posteriormente, acogerá al hijo mayor de Sullivan. La única conversación que se tiene con este nuevo personaje femenino gira entorno a si ella y su marido han tenido hijos.

Así pues, Camino a la perdición es guiada, en su totalidad, por hombres.

Esta película es interesante de analizar porque no tan sólo engloba una historia acerca de la venganza, sino que esa venganza va íntimamente ligada al honor del hombre y la estima por su familia.

El personaje de Tom Hanks (Michael Sullivan) reprocha a Rooney, interpretado por Paul Newman, que no le entregue a su hijo (Daniel Craig) dado que ha asesinado despiadadamente a su familia.

Sin embargo, el personaje de Tom Hanks no es consciente de que Paul Newman, al no hacerle entrega de su hijo, está actuando exactamente siguiendo los mismos parámetros que él: amor hacia su familia.

Ambos adversarios se idean, por tanto, a través de su relación con sus respectivos hijos:

  • Michael Sullivan protege a su hijo, Michael Sullivan Jr., además de buscar venganza por el crimen cometido contra su familia.
  • John Rooney protege a su hijo Connor Rooney.

Esto no es algo nuevo. Cualquier película que tenga a la mafia, camorra o gángsters como protagonistas se configura a través de una estructura claramente patriarcal, donde la familia es núcleo fundamental.

Sin embargo, si examinamos esa estructura patriarcal, veremos que existen claras diferencias respecto a la hegemónica.

En La gata sobre el tejado de zinc (1958) descubríamos lo difícil que es para los hombres expresar sus sentimientos, incluso a sus hijos, y, con ello, las consecuencias negativas en el devenir de la vida de esos propios hombres y sus hijos.

Sin embargo, en las historias con mafia de por medio, esos padres, esa estructura patriarcal, adopta una actitud mucho más íntima. Los padres mafiosos son cariñosos con sus hijos.

En Camino a la perdición vemos un Paul Newman que, cuando intenta acometer contra su hijo reprochándole lo que ha hecho, claramente no lo consigue, terminando con una escena en la que lo abraza y lo compadece. No hay un solo momento en toda la película en la que el padre no deje de mostrar su amor por su hijo, aún a pesar de su enfado por él.

Así pues, dentro de lo negativo que supone crear una unidad familiar desde el patriarcado, hay que entender que, el patriarcado propio de la camorra adopta un rol de amor lejano al de las estructuras patriarcalmente hegemónicas, donde el hombre, bajo una concepción de fortaleza y entereza, se muestra más bien frío y alejado de los miembros de su familia. El patriarcado mafioso se encuentra, sin embargo, mucho más cerca de las nuevas masculinidades que cualquier otro patriarcado.

Un segundo elemento importante de la película es la preocupación por la asunción de valores y roles, en este caso negativos.

El personaje de Tom Hanks está preocupado por si su hijo adopta un comportamiento violento al haber, no solamente descubierto a qué se dedica su padre, sino también por haber presenciado crímenes de los más duros. En otras palabras, a Sullivan le inquieta que su hijo termine siendo un asesino como él.

Sin embargo, el niño mantiene, durante toda la película, un rechazo total hacia las armas y la violencia. Tanto es así que, en la última escena, es incapaz de matar al asesino de su padre que, además, ahora atenta contra su propia vida.  Finalmente Sullivan muere, pero muere con la alegría que le supone saber que su hijo no va a ser un asesino. Como él.

Esto es un verdadero desasosiego para el público, sin embargo se trata de un argumento un tanto peligroso. ¿Hasta qué punto es bueno transmitir esa idea si, ciertamente, la realidad nos demuestra lo contrario?

Hay que tener en cuenta una cosa muy importante y es que la trama de la película transcurre en 6 semanas. 1 mes y medio. Es lógico que un niño de unos 9 años de edad sienta rechazo por la brutalidad que suponen los crímenes acometidos por su padre y el grupo mafioso al que pertenecía. Sin embargo, ¿Qué hubiese ocurrido si ese niño no hubiese estado expuesto a esa violencia tan sólo durante 6 semanas? ¿Y si hubiese crecido con ella? Seguramente la asunción se hubiese dado.

Así pues, está bien construir una película donde se termine con el desahogo de que el hijo no sigue los pasos del padre, pero está bien darse cuenta de que ese hijo ha sido consciente de esos pasos durante y exclusivamente 6 semanas. Otro gallo cantaría (¡o quizás no! pero, al menos, muchas más posibilidades tendría) si esa exposición hubiese sido más prolongada. Porque, películas a parte, la familia es un agente social que transmite valores, buenos y malos.

Año de inicio 2002
Pais EEUU
Duración 117 min.
Géneros Crimen, Drama, Novela de Suspense
Idiomas Inglés
Directores Sam Mendes
Guionistas Max Allan Collins, Richard Piers Rayner, David Self
Productores Joan Bradshaw, Tara B. Cook, Cherylanne Martin, Sam Mendes, Walter F. Parkes, Dean Zanuck, Richard D. Zanuck
Título original Camino a la perdición
Anuncios