El baile del pavo real o De la diferente forma de ligar hombres y mujeres con mujeres

Posted on 26 agosto, 2013

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por LenaGarcia

Generalmente cuando de atrapar la atención se trata, se le suele asignar a la mujer el rol de araña que teje su trampa a través de su forma de vestir. Prendas ajustadas, faldas cortas, escotes prolongados… frente a unos simples vaqueros y camiseta de ellos.

Ahí está el sustrato machista que focaliza en ella lo que el sistema llamaría la provocación.

Pero hace días que me fijo en cómo actúan ellos y ellas a la hora de ligar. Y, amigos y amigas, son ellos los que se abren como pavos reales a quienes admirar.

Ellos quizás estén camuflados porque el sector de la moda -aún- no les ha impuesto tacones de agujas y prendas a ras de testículos pero cuando un hombre quiere conquistar a una mujer se llena de un procedimiento digno de análisis. Y de pavor.

Normalmente se sitúa cerca de la chica e intenta llamar su atención creando circunstancias que no conecten directamente con ella pero asegurándose de estar en su campo de visión: se hace el graciosillo con chistes a voces, vacila a sus compañeros pero de buen rollo, incluso empieza a bailar moviéndose estrambóticamente para que ella se ría.

Es el show del pavo real.

Y da tanta pereza.

El hombre, que durante siglos y siglos ha sido dueño y señor del espacio público, lo invade todo sin el menor de los reparos, como cuando se sientan en el metro con las piernas abiertas de par en par o como cuando andan por medio de la calle con toda su invulnerabilidad. No es más que la prolongación de su dominación del espacio público.

La mujer, sin embargo, es discreta. Fruto de su coacción en el mundo real y de la propia educación recibida, sino de forma explícita, sí de forma implícita. La mujer te roza la mano, te intenta acariciar la piel. Entrecruza su mirada a la tuya. Al menos, cuando intenta acercarse a otra mujer. Que sí, que todo es fruto del género y no del sexo. Y seguramente de que las bolleras aún estén mal vistas. Pero, ¿sabéis qué? Yo casi que lo prefiero así.

Porque este fin de semana se me acercó otro pavo real agitando los colores de sus plumas con chistes baratos y chulescos, pero, al mismo tiempo, la chica sentada a mi lado me acarició la mano. Y era tan gracioso ver cómo el pavo real no se daba cuenta de nada, que casi no sabía si reír o llorar. Por él.

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Posted in: Amor