¿Qué tienen en común la marca Desigual y Miley Cyrus? – La precuela

Posted on 18 octubre, 2013

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por CarrieCandice

A raíz del anterior artículo, se generó en mi facebook personal un interesante debate acerca de cómo se empoderan las mujeres.

Un amigo ponía como ejemplo cómo la sociedad empoderaba a las mujeres a base de hacerlas fumar, como forma de intentar ponerlas al mismo status que los hombres. Coincidencia o no, más bien no, lo cierto es que una lectora nos dejó un post con contenido muy similar en el susodicho artículo ¿Qué tienen en común la marca Desigual y Miley Cyrus? o Del falso empoderamiento de la mujer.

Última sesión de fotos de Miley Cyrus para Terry Richardson, 2013.

Por ello, creemos que es interesante analizar de dónde venimos para entender qué está ocurriendo con Miley Cyrus y por qué lo relacionamos con spots como el de Desigual.

Y de ahí nace este artículo, a modo de precuela del anterior.

¿De dónde venimos?

El esquema es fácil de seguir.

Con la supuesta modernidad, y aún más con la supuesta entrada en democracia en países como el nuestro, se asumió -en concepto- que la mujer era igual que el hombre. ¿Y cómo se demostró ello? Con la entrada en masa de ésta al mundo laboral.

Pero, ¿por qué no se empoderó al revés? ¿Por qué lo propio fue entrar en masa nosotras al área tradicionalmente asignada a ellos? Si éramos tan iguales, ¿por qué no entraron en masa los hombres al ámbito doméstico?

Muy fácil: ya se estaba pecando de androcentrismo –el hombre como modelo a seguir– y se olía a kilómetros la desvalorización de aquello históricamente asignado a las mujeres (la casa).

Última sesión de fotos de Miley Cyrus para Terry Richardson, 2013.

A veces me pregunto con qué intención se inventaron aquello de el trabajo dignifica. Porque, es cierto, el trabajo dignifica. Pero, ¿qué tipo de trabajo? Ya no solamente existe una desprecio por el ámbito doméstico, sino que dentro del propio mercado también hay áreas mucho más desacreditadas que otras, como las relacionadas con el bienestar social. Y esa constante manía de relacionar las aspiraciones con beneficios dinerarios y el conseguir escalar en carreras profesionales más que con el enriquecimiento personal son claro ejemplo de ello. Pero continuemos.

No solamente convino que la mujer entrase en masa al mundo laboral y que el hombre no lo hiciese respecto del ámbito doméstico el hecho de la infravaloración de lo tradicionalmente femenino, sino también por, así, convertir a la mujer en un nuevo sujeto capaz de consumir directamente. 

Así pues, teniendo en cuenta que el hombre es el mono de feria del capitalismo, haciéndolo no solo trabajador para producir sino también para consumir, al empoderarse la mujer queriéndosela equiparar al hombre, ésta se convierte también en mona de feria. 

Es decir, detrás de ese androcentrismo y desvalorización de “lo femenino”, estaba nuestro amigo el capitalismo. ¿Qué beneficio le iba a dar a él la entrada del hombre al hogar? Ninguno. Pero la mujer fuera de casa se iba a convertir en productora y nueva consumidora.

Pero aún hay más.

El señor capitalismo nacido y criado en un sustrato machista, se dio cuenta de cómo la entrada de la mujer al mundo laboral no tan sólo la iba a convertir en mona de feria que generase productividad y consumiese a la par que el hombre, sino que además, siendo ella quien tradicionalmente y casi de forma intrínseca había estado siempre supeditada a los cánones de la belleza, iba a ejercer de sujeto activo en el consumismo mucho más que el hombre o, como mínimo, en productos no destinados a ellos al ser, asignándole los tradicionalmente femeninos.

Llegados a este punto, se inventó la falacia perfecta: ¿qué podría dar mejor sensación de autonomía e independencia a la mujer que ver como ella misma podía fumar como los hombres (consumir) y comprarse los modelitos que quisiese con su propio dinero (consumir)? Consumir, consumir.

Al mismo tiempo, mientras la mujer se creía empoderada porque podía consumir y trabajar hipotéticamente igual que un hombre (¿enumeramos el número de mujeres presidentas de importantes empresas?), el hombre no entraba ni a la de tres en el área perteneciente socialmente a las mujeres: la casa.

Así nos encontramos con una de las peores situaciones para la mujer super moderna de los 90, y es la doble carga a la cual se tuvo que enfrentar -y se enfrenta- (trabajar dentro y fuera de la casa), las llamadas SUPERWOMEN.

¿Dónde estamos?

Más de 30 años así, es lógico que la mujer no haya podido continuar con esa sobrecarga. La presión de la crisis económica y el continúo capitalismo ha producido que haya tenido que terminar decantándose por el ámbito laboral. Si bien también la continuada valorización del éxito a través de lo profesional, siguiendo así el modelo masculino.

Ahora nos encontramos con hijos que pegan a sus padres y madres, con hijas que insultan al profesorado, con niños y niñas obesas… Nadie se hace cargo de las tareas que tradicionalmente ha llevado a cabo las mujeres como es la educación, incluida la educación alimenticia. Los padres y las madres están demasiado ocupados trabajando.

Pero vayamos un paso más allá: porque siempre se visibiliza el problema de la conciliación familiar y laboral (olvidándose, por cierto, muchas veces de la personal) pero ahí detrás hay algo más que nunca se dice. Ese algo es que el Estado nunca se ha preocupado por el ámbito doméstico. Lo cual es bastante estúpido teniendo en cuenta que nuestras economías giran entorno al nucleo familiar. Sin embargo, esa importancia se ha configurado así: lo importante era el hombre que traía el dinero a la casa, después el hombre y la mujer que traían el dinero a la casa porque para que la mujer fuese igual que el hombre se la empoderaba/empodera desde el capitalismo, pero ¿la casa? ¿quién se preocupa de ella? Mientras las mujeres han podido hacerse cargo de ella sobreexplotadas todo ha ido bien, pero ahora que estamos hasta el coño o no tenemos fuerzas, ¿qué?

Última sesión de fotos de Miley Cyrus para Terry Richardson, 2013.

A todo esto, la mujer continúa empoderándose a través de la cosificación dado que aún no ha sido dejada de relacionarse con la belleza. También a través de su sexualización, pero de una sexualización en la que se convierte en cosa, en objeto sexual para el mercado.

Hasta el momento nos manteníamos en esa línea en que aparentemente éramos todo el mundo muy moderno y todo iba muy bien. Sin embargo, la tortilla empieza a girarse y se están viendo los verdaderos intereses del sistema. O quizás no.

Por eso, ahora es el momento clave.

O bien nos damos realmente cuenta de lo que ha estado ocurriendo hasta el momento y que, por ello, la situación es insostenible o bien el círculo se va a cerrar, volviendo otra vez al inicio. Lo que ocurre con Miley Cyrus es un buen ejemplo: Miley Cyrus no tiene nada de sujeto sexual. Miley Cyrus es un objeto sexual. La mujer que en un principio no se la permitía ser sujeto sexual, se ha hipersexualizado tanto (en manos del sistema capitalista y machista) que vuelve a ser, de nuevo, un objeto sexual. Con las hijas de las superwomen que han aguantado carros y carretas de doble cargas pasa lo mismo: van a querrer quedarse en casa como amas de casa por no aguantar lo que han visto aguantar a sus madres.

Pronto, si no hacemos nada, el ciclo del capitalismo machista va a cerrarse y volveremos a estar en los inicios.

Primera parte del artículo aquí.

Tercera parte del artículo aquí.

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