Cásate y sé sumisa es la pura realidad – por mucho que le doliese a Elizabeth Bennet o a la propia Jane Austen

Posted on 5 enero, 2014

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por Lena García & Mathew Smith

Hace tiempo que vengo observando el fenómeno attention whore en las redes sociales. En los foros, más bien. Como por ejemplo el de series.ly. Me he dado cuenta que cuando una mujer dice las cosas claras y directas se la tacha de ser una attention whore, una zorra que lo único que quiere es reconocimiento y ser centro de atención. Llevo ya un año observando estas cosas y nunca, nunca, nunca, nunca he visto que se le atribuya a un hombre. Un hombre puede ser un capullo, un idiota, un no tienes ni idea de qué hablas, pero nunca un attention whore. Y entonces es cuando recuerdo una frase de Eleanor Roosevelt que rezaba: “No llames a una mujer zorra, cuando puedes llamarla tonta. Igualmente le dirás tu punto de vista, pero éste no será sexista”.

Pero lo peor es cuando estas cosas se mezclan con lo que llaman amor y/o relaciones sentimentales. Las personas se llenan la boca diciendo quién ama o deja de amar. Quién es egoísta o quién no lo es.

Hace un tiempo escribimos esto y hoy me duele haber caído en lo mismo. Una vez más. Me pregunto cuántas mujeres deben caer en eso cada día, a cada instante. Y me doy cuenta que frases como “Cásate y sé sumisa” o “la mujer es feminista hasta que se casa” albergan un sentido mucho más real de lo que yo soy capaz de ver, aunque me duela la misoginia de quienes lo dicen. Cuántas mujeres al tener pareja han tenido que dejar de decir las cosas claras por miedo a hacer daño. Porque claro, si dices las cosas claras, no sabes amar. Si dices las cosas tal y como son, no sabes querer. Sólo sabes hacer daño.

Está claro que todo el mundo tiene defectos, que no somos personas perfectas, que hay que decir las cosas bien y a bien pero cuando las palabras claras se confunden con ser mala persona, no tener capacidad de amar o, simplemente, albergar odio, que buda nos pille confesadas. Porque si a todo el mundo estos calificativos le pueden llegar a hacer mucho daño, a las feministas más. Porque entonces te cuestionas si tú misma caes en lo que más detestas: el empoderamiento a través de la violencia, del rol tradicionalmente masculino. Y te vuelves loca. Y buscas y rebuscas en tus palabras. Y las vuelves a analizar, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, como para volverte rematadamente paranoica. Y ves que no, que tú simplemente le has llamado “porquería” a lo que es “porquería”, pero claro, no le has llamado ni suciedad ni basura ni inmundicia ni desperdicios ni excrementos, le has llamado porquería, porque es porquería, y tienes vagina y por ello no sabes amar, no sabes hablar, te pierden las formas, eres una zorra.

Si tuvieses pene, amiga mía, serías el Che Guevara.

Pero tienes vagina. Así que eres una zorra.

Entonces te vienen a la mente palabras como “Ni sumisa, ni devota. Te quiero libre, linda y loca” que adquieren aún más relevancia y las alcanzas a entender plenamente, pero enseguida te preguntas hasta qué punto hay sinceridad en quien escribió eso.

Jane Austen creó a un señor Darcy que amaba a una Elizabeth Bennet porque no era ni sumisa ni devota. Era libre, linda (¿realmente hacia falta esa palabra en la frase?) y loca. Pero Jane Austen, en su vida real, fue soltera. Y su hermana, también.

¿Hasta qué punto la sociedad nos quiere realmente locas?

Ni sumisa, ni devota. Loca. – Dicen. Ya…

Pero luego eres una histérica, una exagerada, una loca de los gatos, una loca de los coños, una feminazi porque llamas porquería a la porquería y tienes vagina.

Una LOCA. De las malas.

Porque se ve que hay locas y locas.

Y es en ese momento cuando todo empieza a dolerte mucho. Como cuando entra tanta luz a tus ojos que te deja ciega. Como cuando piensas en un concepto tan grande que te sobrepasa como podría ser el de la muerte, y piensas en él de una forma tan nítida y es tan grande y tienes tan claro lo que supone que no lo puedes asimilar. No puedes asimilar estar, cara a cara, con tanta realidad, una realidad cruel y malvada. Entonces guardas pequeños grandísimos tesoros como éstos, para ti y para todas las feministas, para desdramatizar los hechos porque si no puedo bailar, no es mi revolución y si no puedo reir TAMPOCO y recordarte, SIEMPRE, que la loca no eres tú, es la sociedad patriarcal.

Porque ni hoy, ni nunca: ni puta ni sumisa, combativa.

Porque no dejéis nunca, que nadie os haga daño por vuestra lucha, una lucha hiriente porque sesga los patrones naturalizados, pero sincera donde las haya.

Y eso, queridas amigas,

eso sí es amor.

 

 

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