El estigma de la Virgen María en la serie Velvet

Posted on 28 febrero, 2014

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por CarrieCandice

Que levante la mano quien no se quedó patidifusa con el capítulo de esta semana de la serie Velvet.

Tranquilidad si no sabéis de qué estamos hablando. Como la serie lleva sólo dos telediarios, está rapidito resumirlo, así que… ¡atención!:

Velvet es una serie de Antena 3 donde, hasta el momento (están en el segundo capítulo) la trama se ha centrado en la típica pareja de enamorados que, por pertenecer a diferente clase social, no pueden estar juntos. En este caso la chica es la pobre. Deciden fugarse juntos pero justo entonces el padre del protagonista se suicida y deja su imperio (unas famosas galerías de ropa) a su hijo. Abortan el plan de fuga, pero las galerías están en quiebra. El chico no consigue financiación para salvar el negocio y la única solución que se le plantea es… al loro: casarse con la hija de un millonario, la cual se muere por sus huesos. El chico dice que nanai de la china, que eso es mu fuerte.  Que vamos, que ya lo que faltaba. La repanocha. Pero, ENTONCES, OJO AL DATO: su prometida, la chica pobre que trabaja desde toda la vida en las galerías, le dice que se case con la otra, que debe hacerlo para salvar la galería y para que todo el personal empleado en la tienda no pierda su trabajo.

Toma moreno y morena.

Hasta hace un día, ambos iban a fugarse, a empezar desde 0, sin un chavo. Pero ahora no. Ahora… NO. Una de las empleadas le dice a la prometida: chica, que podemos encontrar otro trabajo. Pero ella que no. Erre con erre que no.

Porque ya se sabe que las mujeres somos muy sufridoras. Que hemos venido al mundo a sufrir. Sobretodo si es por amor.

¿Que podrían vender la galería, aunque fuese por menos de lo que vale, y con eso indemnizar a las y los trabajadores y empezar desde 0, que es, al fin y al cabo lo que iban a hacer cuando decidieron fugarse? Bah, para qué.

¿Que podrían pasar de unas grandes galerías a una tiendecita más modesta pero, así, sanear las cuentas con proveedores? Bah, para qué.

Aquí lo que importa es sufrir. Sobretodo si quien lo hace es la mujer y con una actitud de resignación suprema.

¿Que las opciones de antes son muy aburridas para una serie? Pues también. Pero, ¿por qué no inventar otra alejada del rol de Virgen María que, siempre, debe ser asumido por la mujer?

¿Debe ser muy difícil para las mentes creativas que confeccionan el guión?

Como veníamos diciendo, lo que mola es sufrir por amor, claro está, pero sobretodo también por altruismo. Un altruismo que nadie te pide, que incluso el personal de la galería te ha dicho cha, chica, no hagas tonterías. Ese camino es muy fácil: ¿el de ser feliz? Bah. Para qué. Optar por la no resignación desencajaría demasiado en una mujer. Ya hablamos anteriormente del estigma de la Virgen María en la forma en que una mujer debe ser. En aquella ocasión nos centramos en el aspecto sexual, pero hoy nos toca el emocional.

La mujer que se precie debe ser altruista. Muuuy altruista. Y qué mejor forma de ser altruista que sufriendo, sobretodo si es por amor. La mujer que se precie debe distorsionar la realidad y sentirse mal, culpable y  egoísta si no lleva a cabo ese altruismo sufridor.

La mujer ha venido al mundo a sacrificarse. A sacrificarse muchísimo (no os hemos contado que la pava ésta se va a quedar trabajando en las galerías viendo como el otro se casa con la otra y se pasean cogiditos de la mano por delante suyo) porque eso es lo que nos han enseñado: la mujer que se precie no puede quejarse, tiene que aguantar. Carros y carretas. La Virgen María trajo al mundo un hijo cuyo destino era crucificarlo y ella lo tuvo que aceptar así. Pero antes de eso, se le apareció el Espíritu Santo y le dijo que ella era la elegida para traer a Jesús al mundo, y lo tuvo que asumir¹. ¿Cómo vamos a ser nosotras tan egoístas como para hacer lo que mejor nos convenga, incluso cuando el resto nos apoya y nos lo pide?

¹En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David, y el nombre de la virgen era María. Y habiendo entrado el ángel donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres. 

   Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué significaría esta salutación. Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin.

   María dijo al ángel: ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?. Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre tí y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que nacerá de tí, será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a tu pariente Isabel, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que era llamada estéril, hoy cuenta ya el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible. María dijo: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia.

LA ANUNCIACION Lucas 1, 26-38

Toma ya. Órdenes y resignación. Incrustado en nosotras desde nuestra más tierna infancia.

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