El machismo de la frase “Tienes dos caras”

Posted on 31 octubre, 2014

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Por CarrieCandice

Ha llegado el momento de escribir un post sobre Gran Hermano 15 porque atendiendo a la gran frase de Kate Millet, lo personal es político, de ese programa podemos extraer un montón de situaciones cotidianas de machismo y misoginea.

Son tantos los momentos que se proyectan en esa casa rasgados por el género que deberíamos abrir todo un blog para tratarlos. Sin embargo, en este artículo tan solo trataremos uno, si bien invitamos a cualquier persona a comentarnos más en la sección de comentarios.

El hecho en concreto al cual dedicamos este post, es uno relacionado con los roles y en el cual se refleja la eterna dicotomía que continua arrastrando la mujer, la cual ya hemos comentado en muchos otros artículos como El estigma de la Virgen María en la serie Velvet, Cásate y sé sumisa es la pura realidad, Yo tenía un novio llamado John Smith o De la intolerancia del hombre culto o Ser putón o Del sustrato de la Virgen María en nuestra sexualidad y vida.

Nos referimos a la vieja dicotomía mujer virgen vs. mujer puta. Muy arraigada, además, a la cultura popular y a lo audiovisual con protagonistas antagónicas desde los inicios de los inicios.

En este caso y en este Gran Hermano 15 se refleja a través de las acusaciones que se versan sobre una de las concursantes, Paula, a colación de su forma de reaccionar y manifestarse tras descubrir un engaño.

Contextualizando la situación, nos encontramos con una concursante, Paula, y un concursante, Omar, que se conocen en la casa de Gran Hermano 15, estableciendo una relación afectivo-sexual. Sin embargo, de repente entra a la casa la exnovia de Omar, con quien ha mantenido una relación de 2 años, la cual terminó justo antes de entrar a la casa de Gran Hermano. En cuestión de 24 horas, Omar decide terminar su relación con Paula y volver con Lucía, su exnovia y ahora otra vez novia.

Bien. Hasta este incidente encontramos una Paula con una forma de comunicarse y de ser con los demás infantilizada. Popularmente llamada “otra fresita”, se dirige al resto de compañeros y compañeras con un tono y una forma de hablar infantil. Esta forma de comunicarse y de actuar continua siendo igual después de su ruptura con Omar. Sin embargo, nos encontramos con ciertos episodios donde Paula planta cara a Omar ya sea algunas veces (las de menor número) con un lenguaje poco correcto (“¿Pero esto qué es? ¿Una película? Porque yo de tonta tengo los pelos del coño” es la frase con la que contesta después de haber estado todo la noche en vela, cuando ella y Omar aún son pareja pero Lucía le reta a Omar a decir delante de ella que cree que Lucía es “la madre de sus hijos”) y en otras ocasiones de forma mucho más asertiva, dejándole bien claro a Omar el daño que este le ha ocasionado y cómo ha jugado con los sentimientos de ella.

Frente a estas reacciones por parte de Paula, muy pocas con palabras políticamente incorrectas, y la gran mayoría de ocasiones asertivamente pero de forma más que clara y contundente, sin dejar en ningún momento que se la pisotee, la reacción del propio Omar y de otros (pocos) concursantes de la casa, ha sido catalogar a Paula de tener una doble cara y ser una falsa.

Se desprendre de estas críticas versadas sobre la forma de actuar de Paula cierto aire misógeno que censura que una mujer pueda estar construida de tal forma que, frente a una situación cotidiana exenta de violencia, actue de forma virginal pero que, frente a una situación que la dañe, pueda actuar de una forma rotunda y clara cortando dicho daño.

Se desprede de estas críticas versadas sobre la forma de reaccionar de Paula que una mujer no tenga derecho a decir BASTA, en mayúsculas y contundencia, especialmenete si hasta el momento había actuado acatando un rol más asignado al virginal, infantil y/o dador de amor.

¿Debería haber, Paula, bajado la cabeza, especialmente atendiendo a que normalmente utiliza una comunicación infantilizada, frente a una situación violenta que la acosaba? Seguramente desde la construcción patriarcal de que la mujer o bien puta o bien santa, sí.

Desde esta perspectiva sociológica sobre cómo somos construidas las mujeres, es mucho más fácil entender de dónde surgen los pensamientos que achacan a las mujeres ser hipócritas o falsas, cuando no se comportan como deben comportarse, especialmente si la pauta que normalmente adoptan en una situación no violenta es la de dadora de amor, como en el caso de Paula, y con una forma de relacionarse dulce.

Me pregunto cuántas mujeres deben aguantar a lo largo de su vida las palabras “Eres una falsa” o “Tienes dos caras”. Mujeres que, frente a una situación de violencia dicen BASTA. Mujeres que, frente a una agresión, sea del tipo que sea (verbal, física, humillante, irónica…) cuelgan un teléfono, se van de un sitio, dicen “NO, tú a mí no me gritas”. Mujeres, que han sido, hemos sido, afectivas y que se nos continua entendiendo que debemos continuar siendo así más allá de nuestra integridad física y moral. Porque la mujer debe continuar elegiendo entre puta o santa, falsa o hipócrita.

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