Sofía, Letizia, Leonor y otras chicas del (¿no?) montón

Posted on 19 junio, 2014

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por CarrieCandice @prspctivagenero

 

Hace unos meses una lectora me preguntó qué opinaba acerca de las nuevas princesas de Lucía Etxebarría y lo cierto es que mi contestación no fue muy positiva. Estas princesas en concreto aún remolcan elementos tan tóxicos como unas madres o madrastras malas, continúan supeditadas a la belleza (quizás a otra belleza más transgresora, como vestir de negro, pero belleza al fin y al cabo) y todavía son salvadas por príncipes (aunque con artimañas diferentes), pero es la frase que indica su booktrailer al final cualquier mujer es una princesa y debe ser tratada con respeto y cómo chirría en mis oídos lo que corrobora la  teoría de que, continuar incidiendo en el término y creación de un personaje como princesa nunca va a ser revolucionario dado que, al ser su origen uno machista y tóxico, nunca va a desprenderse de todo lo que tradicionalmente ha supuesto la palabra princesa.

Afortunadamente existen grandes autoras e ilustradoras que, teniendo unos profundos conocimientos de género, nos regalan princesas totalmente despatriarcalizadas, como es el ejemplo de la princesa que no quería vestir de rosa de Raquel Díaz Requera:

Sin embargo, estar creando princesas, incluso las despatriarcalizadas, en una sociedad que en su conjunto continúa siendo patriarcal, se corre el peligro de estar validándose igual aquellas que estas y estas que aquellas. Es como ofrecer un kalipo de limón o un kalipo de naranja, como si ambas fuesen igual de válidas, como si no pasara nada en el hecho de que las niñas pudiesen escoger una u la otra. Hoy soy la Blancanieves tradicional sumisa y manaña la Caperucita negra.

Por eso yo no quiero modernizar a las princesas, yo quiero acabar con ellas. ¿Para qué voy a querer modernizar una figura que tradicionalmente ha sido machista? ¿Por qué tengo que poner mis esfuerzos en modernizar una figura machista?

Flaco favor le estoy haciendo al feminismo queriendo modernizar princesas. Lo justo sería visibilizar la porquería que supone ser una princesa. Entender la violencia que supone ser princesa. Sólo así se creará una noción real de nuestra realidad, valga la redundancia. Tan sólo así se creará una noción real de la realidad de la mujer.

Me pregunto si alguien le habrá explicado a la pequeña Leonor si el hecho de que pudiese salir sentada sobre su padre en la foto como heredera que figuraba en la imagen del discurso de abdicación del rey era, simple y llanamente, porque su hermana nació con vagina. Si hubiese nacido con pene, él estaría sentado sobre Felipe.

El día (seguramente dentro de 100 años, dado que anteriormente no se tiene la necesidad al haber dispuesto la madre naturaleza (y no las Cortes Generales) que una mujer, en el futuro, sea reina) que se vote para cambiar el artículo el artículo 57 de la Constitución Española (La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación (…) siendo preferida siempre (…) el varón a la mujer), espero que votemos en masa que NO:

No quiero que la mujer goce de los mismos derechos que el hombre en la institución de la monarquía porque la monarquía es eso: preferencia del hombre sobre la mujer.

No quiero que la mujer goce de los mismos derechos que el hombre en la institución de la monarquía porque no quiero que la mujer forme parte de una institución tradicionalmente machista e injusta.

Ni mucho menos estaré agradecida que me ofrezcan ese cambio en pleno siglo XXI, cuando hará más que décadas que se supone que las mujeres, teóricamente, son iguales que los hombres.

Y es que el día que Juan Carlos I dispuso que abdicaba y se concentraron manifestaciones republicanas por las calles de muchas ciudades, delante mía desfiló una familia ondeando la bandera de la República, pero cogida de sus manos iba su hija con una mochila donde se podía leer, en rosa, PRINCESS, sobre una foto de Blancanieves.

La creación de nuevas princesas supuestamente más modernas normaliza el concepto de princesa, tanto como para que nuestras hijas difundan un mensaje contradictorio con nuestras ideas más profundas de igualdad radical.

Por eso deberíamos empezar a desearles, a las futuras hijas de quien sea, no poder ser reina, sino Presidenta.

Olvida princesa. Llámame Presidenta

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